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Escoliosis: La historia de Samantha

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A Samantha se la diagnosticó en sexto grado con escoliosis, una afección que hace que la columna de una persona se curve demasiado. Entre sexto y noveno grado recibió tratamiento para esta afección — a veces en un hospital ubicado a cientos de millas de su casa. Ahora, la columna de Samantha está mucho mejor, y permanecerá de esa manera, gracias a una fusión vertebral (una operación en la cual, las vértebras, los huesos que forman la columna de una persona, se fusionan). En esta historia personal, Samantha nos cuenta cómo fue su experiencia al ser tratada por escoliosis.

No pude asistir a la escuela durante 2 meses. Mientras estaba en casa, tomaba muchas siestas y caminaba despacio por el barrio. Mi abuela me vino a visitar y mi familia me ayudaba. Cuando regresé a la escuela, me dejaron usar el ascensor y de esa manera podía evitar el amontonamiento de niños en los pasillos. Fui la única persona a la que permitían no llevar una tonelada de libros de casa a la escuela y de la escuela a casa.

Ahora que todo ha vuelto a la normalidad, hay momentos en los que no me importaría regresar a la vida de ocio después de mi operación de columna. Pero el período que transcurrió desde el diagnóstico hasta el tratamiento también fue un desafío mental y físico la mayor parte del tiempo. Supongo que se podría decir que mi experiencia fue "variada". Por lo general fue físicamente doloroso y emocionalmente agotador, pero también hubo muchos momentos gratificantes.

La curva de aprendizaje

Supe acerca de la curvatura de mi columna a través de una prueba que la enfermera de la escuela realizó en sexto grado. Mis padres me llevaron a consultar un médico en Richmond, Virginia. Allí me diagnosticaron oficialmente con una desviación de columna de 25 grados (toda desviación menor de 10 grados es normal; 50 grados o más requiere una cirugía para corregir el problema).

Durante los 2 años siguientes, tuve que usar dos tipos de corsé ortopédicos para evitar que mi columna empeorara. Pero a pesar de que usé el corsé todos los días, la curvatura de mi columna seguía aumentando. Cuando mi curvatura llegó a los 35 grados, continué mi tratamiento en un hospital de Delaware. Iba al médico cada dos meses, y durante el otoño de noveno grado, las radiografías mostraron que mi curvatura no estaba empeorando. En ese momento asumí que mi caso sería como el de mi madre, que también tiene escoliosis. Su curvatura no es grave como para impedirle llevar a cabo las tareas diarias.

Tanto mis padres como yo nos aliviamos y asumimos que no había más por qué preocuparse. Si bien la curvatura de mi columna era importante, no tenía un impacto en mi salud. La única manera en la que me afectaba era en mi apariencia física. La curvatura en forma de S de mi columna creaba una "joroba" en el lado derecho de mi espalda. Para una persona que no tenía idea de qué era la escoliosis, yo parecía tener una postura terrible.

Sin embargo, durante los meses siguientes, mi madre notó que mi "joroba" parecía empeorar. La próxima vez que vi al médico, las radiografías confirmaron las sospechas de mi madre. La curvatura de mi columna aumentó de 35 a 52 grados. Según el médico, mi única opción era hacer una fusión vertebral, dado que la curvatura había llegado a un punto donde podía comenzar a poner presión en mi corazón y pulmones.

Cirugía

El médico fue honesto conmigo acerca del procedimiento; lo cual aprecié. Traté de ser fuerte mientras me describía la cirugía. La cirugía consistía en conectar algunas vértebras con tornillos y colocar dos barras metálicas en mi columna de manera que la curvatura no empeore.

Mientras el médico hablaba, me pasaban por la cabeza muchas preguntas e ideas. Por ejemplo, quería saber si hubiera podido hacer algo diferente para evitar esta operación (pero por supuesto, la respuesta era "no"). No parecía ser justo. Había hecho todo lo que el médico me había sugerido. ¿Cómo pudo pasar esto?

También me preocupaba la escuela. ¿Cuántas semanas iba a faltar? y ¿Cómo iba a recuperar el trabajo perdido? Y por último, ¿qué tal si algo malo ocurría durante la cirugía? Se me ocurrió que sería posible que no volviera a ser la misma.

Después del shock inicial, comencé a pensar sobre cuándo iba a ser operado. El médico me dijo que podía esperar unos meses, hasta después de la finalización de las clases. Al principio pensé que sería una buena idea, pero cuanto más lo pensaba, más creía que lo mejor sería hacerlo cuanto antes. Tenía miedo que la curvatura de mi columna se empeorara y quería el mejor resultado que se pudiera lograr. Al final, decidimos hacer la operación lo antes posible. Sólo tenía unas pocas semanas para prepararme.

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En ese momento, tuve que ir al hospital varias veces para prepararme. Hice una consulta con la enfermera encargada del proceso previo a la operación. Ella me indicó dónde debía ir el día del procedimiento y me explicó qué sucedía con la anestesia.

No recuerdo mucho qué pasó el día de la cirugía, excepto que tomé algo que iba a ayudar a relajarme, y que leí algo antes de que me llevaran en silla de ruedas a la sala de operaciones. Lo único que me acuerdo de esa sala es tener colocados algunos cables en mi mano, sentirme muy relajada y reírme de un chiste que el anestesista hizo. Recuerdo sentirme muy cómoda y sentir que me estaban cuidando muy bien. El personal del hospital, especialmente los enfermeros, fueron muy atentos y amables.

Los días posteriores a la cirugía, dormí mucho ya que me dieron medicamentos para el dolor por vía intravenosa. Cuando me despertaba, tenía dificultades moviéndome de un costado al otro y saliendo de la cama. Estas dificultades me hicieron apreciar lo bueno que es cuando uno hace todos esos movimientos con los músculos de la espalda sin ni tan siquiera pensar.

Recuperación

El día posterior a la cirugía, comencé a trabajar con un terapeuta físico que me enseñó a salir y entrar de la cama, a sentarme en la silla de ruedas y a caminar por la habitación. Finalmente logré caminar por los pasillos y subir y bajar escalones. Sé que estas actividades no parecen ser mucho pero en ese momento me resultaban muy difíciles. Todos mis músculos se tenían que acomodar a la nueva estructura de mi columna, y sentía que mi cuerpo estaba orientado de una manera diferente.

Estuve en el hospital aproximadamente una semana. Cuando me dieron de alta, mis padres me llevaron al Ronald McDonald House, el cual alberga a las familias cuyos niños están siendo tratados médicamente. Dos días más tarde, después del chequeo final, finalmente volví a casa.

La recuperación en mi casa duró aproximadamente 8 semanas. Al principio, hacer la tarea escolar o sentarme por más de 15 o 20 minutos me resultaba muy difícil. Pensé que era muy extraño, porque antes de la cirugía podía permanecer horas sentado haciendo mi tarea. Poco a poco logré poder sentarme a la mesa de la cocina y trabajar con la ayuda de una maestra particular. Además comencé a caminar un poco más lejos en mi barrio cada día. Eso fue realmente una hazaña, ¡ya que tuve que hacer todo el recorrido a paso tortuga!

Durante un par de semanas parecía que no iba ni para adelante ni para atrás con mi maestra particular, ya que el noveno grado fue el primer año de un programa académico riguroso en la escuela. Al final del segundo mes de recuperación, comencé a ver los beneficios de trabajar con una maestra particular dos a tres veces por semana. Cuando regresé a la escuela, acompañado por una almohada para mi silla, todos estaban encantados de verme y yo me había puesto al día con el trabajo.

Un año después, soy capaz de cargar todos los libros a la escuela, puedo agacharme hasta tocar los dedos de los pies y hasta hago deportes. Si bien probablemente nunca sea una bailarina ni una gimnasta (esas actividades no estaban en mis planes de todas maneras), no me siento que esté en desventaja físicamente. En ningún momento siento que tengo tornillos o placas metálicas en mi columna. El único recordatorio de mi cirugía es la gran cicatriz que tengo en medio de mi columna, la cual es menos visible que el año pasado.

Si bien la recuperación de la cirugía fue muy difícil por momentos, lo positivo que extraje de esta experiencia, superó, a largo plazo, los aspectos negativos. La fusión vertebral me hizo valorar lo afortunada que soy de poder hacer las cosas de todos los días que uno no aprecia, como sentarse por períodos largos de tiempo, agacharse, darse vuelta, girar y caminar. De ahora en más valoraré todo esto. Además aprendí a apreciar a mi familia, ya que estuvieron a mi lado apoyándome durante todo el proceso. Y finalmente, aprendí lo importante que es tener una actitud positiva en los momentos difíciles. Pensar "Puedo hacerlo", fue terapéutico durante mi recuperación y me ayudó a ignorar el dolor y el cansancio.

Consejo: Pensar de manera positiva

Saber que tenía que someterme a una fusión vertebral fue algo intimidante y aterrador. Pero ahora miro atrás y creo que mi recuperación fue algo increíble e impresionante. Me pregunto cómo fui capaz de recuperarme tan bien; pero después recuerdo que tuve conmigo, todo el tiempo, una actitud maravillosa. Les recomiendo a todas las personas que tengan que enfrentar un tratamiento por cirugía para la escoliosis que vayan con una actitud lo más positiva posible. Yo creo que no se puede perder nada teniendo motivación y el deseo de mejorarse.

Revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de revisión: septiembre de 2013

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Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.
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