Intolerancia a la lactosa

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Intolerancia a la lactosa

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¡Jessie pasó muchísima vergüenza! Aproximadamente una hora después de devorar una pizza y un helado con su grupo de amigos, el estómago le empezó a hacer ruidos de repente y ella empezó a despedir gases. Luego le empezó a doler el estómago y tuvo que ir al lavabo cada pocos minutos. Estaba tan entusiasmada con salir con sus amigos por el centro comercial que se olvidó por completo de que debía controlar la ingesta de lácteos.

Jessie tiene una intolerancia a la lactosa y sus síntomas se ponen de manifiesto cuando come más lácteos de los que su organismo puede asimilar.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa y cuál es su causa?

La intolerancia a la lactosa es la incapacidad de digerir un azúcar denominado lactosa que se encuentra en la leche y los lácteos (o derivados de la leche).

Normalmente, cuando una persona ingiere algo que contiene lactosa, una enzima del intestino delgado denominada lactasa descompone la lactosa en dos azúcares más simples denominados glucosa y galactosa. Y estos azúcares simples son muy fáciles de absorber por parte del torrente sanguíneo, convirtiéndose en la energía o el combustible del organismo.

La gente con intolerancia a la lactosa no fabrica suficiente cantidad de la enzima lactasa para descomponer la lactosa. Por lo tanto, la lactosa no digerida se deposita en el intestino, donde la descomponen las bacterias, lo que genera gases, distensión abdominal, retortijones estomacales y diarrea.

La intolerancia a la lactosa es bastante frecuente y parece afectar en la misma medida a los chicos y a las chicas. Hay algunos grupos étnicos que son más proclives que otros a padecer este tipo de intolerancia porque sus dietas tradicionales incluyen menos productos lácteos: casi todos los asiáticos y casi todos los amerindios son intolerantes a la lactosa, y hasta el 80% de los estadounidenses de origen africano o hispano también presentan síntomas de intolerancia a la lactosa. Sus antepasados no ingerían lácteos, de modo que sus organismos no estaban preparados para digerirlos y sus genes se fueron trasmitiendo de generación en generación.

Los niños pequeños son menos proclives a tener intolerancia a la lactosa. Pero muchas personas acaban desarrollando esta intolerancia durante la etapa adulta, algunas cuando todavía son adolescentes. Algunos profesionales de la salud ven la intolerancia a la lactosa como un rasgo normal del ser humano, de modo que no la consideran una enfermedad.

¿Quién la desarrolla?

Una persona puede ser o se puede volver intolerante a la lactosa por distintos motivos:

  • Origen étnico. La gente de origen asiático, africano, amerindio e hispano es más proclive a desarrollar intolerancia a la lactosa durante la infancia o la adolescencia.
  • Padecer otros problemas en el tubo digestivo. La gente que padece una inflamación de la parte superior del intestino delgado, como en la enfermedad de celíaca o en la enfermedad de Crohn, tiene una menor cantidad de enzimas lactasa.
  • Medicamentos. Hay ciertos antibióticos que pueden desencadenar una intolerancia a la lactosa de carácter temporal al interferir en la capacidad del intestino para fabricar lactasa.
  • Infecciones. Tras un episodio de diarrea infecciosa, algunos niños pueden desarrollar una intolerancia a la lactosa de carácter temporal que suele mejorar al cabo de pocos días o semanas.
  • Edad. Conforme una persona va haciéndose mayor, su organismo suele dejar de fabricar la enzima lactasa, de modo que la mayoría de la gente acaba desarrollando de forma natural una intolerancia a la lactosa conforme envejece.

¿Qué ocurre cuando una persona tiene intolerancia a la lactosa?

Las personas con intolerancia a la lactosa pueden presentar diversos síntomas. Todo depende de la cantidad de lácteos (alimentos que contengan leche o derivados de la leche) que ingiera la persona y de la cantidad de lactasa que fabrique su organismo.

Generalmente, en un lapso de 30 minutos a dos horas tras la ingesta de lácteos, una persona afectada por una intolerancia a la lactosa puede presentar náuseas, retortijones estomacales, sensación de plenitud estomacal, distensión abdominal, gases y diarrea. Se trata de síntomas desagradables, por no decir embarazosos, sobre todo si se padecen en medios sociales, como el centro de estudios o cuando se está con los amigos.

Puesto que hay mucha gente que cree ser intolerante a la lactosa a pesar de que no lo es, ayuda mucho ir al médico, quien podrá diagnosticar correctamente la afección y recomendar formas de controlarla.

¿Cómo la diagnostican los médicos?

Si tu médico sospecha que podrías ser intolerante a la lactosa, elaborará tus antecedentes médicos formulándote preguntas sobre tus síntomas, tu salud en el pasado, la salud de tu familia, los medicamentos que tomas, las alergias que puedas padecer y otras cuestiones relacionadas con tu estado de salud. Tu médico también te practicará una exámen a físico.

Los médicos pueden evaluar la intolerancia a la lactosa utilizando la prueba de hidrógeno espirado, también conocida como “prueba del aliento”. Normalmente existe una cantidad muy reducida de hidrógeno en el aire espirado. Pero la lactosa no digerida que se deposita en el colon fermenta (se descompone) y esta fermentación genera muchos gases, entre los que se incluye el hidrógeno.

Si tu médico decida hacerte la prueba del aliento, el personal de enfermería te pedirá que soples dentro de un tubito al principio de la prueba. Luego te timarás una bebida de elevado contenido en lactosa, esperarás durante un rato y volverás a soplar dentro del tubito otra vez. Te pedirán que soples dentro del tubito cada media hora a lo largo de dos horas para medir la cantidad de hidrógeno que contiene tu aliento. Si padecieras una intolerancia a la lactosa, los niveles de hidrógeno deberían ir aumentando con el paso del tiempo.

Los médicos también pueden averiguar si un paciente puede o no digerir la lactosa evaluando la presencia de la enzima lactasa mediante una prueba denominada endoscopia. Durante este procedimiento los médicos introducen por la boca un tubito largo provisto de luz y de una diminuta cámara en el extremo que les permite ver el interior de los intestinos.

Este procedimiento permite extraer muestras de tejido y sacar fotografías del interior del tubo digestivo para detectar posibles pistas sobre la causa de los problemas digestivos. Posteriormente se puede evaluar la cantidad de la enzima lactasa contendida en las muestras de tejido extraídas.

Vivir con intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa es una afección que varía considerablemente entre los afectados y suele ser fácil de controlar cuando el paciente sintoniza bien con su cuerpo. Aunque todo el mundo es distinto, la mayoría de la gente con intolerancia a la lactosa puede ingerir una cantidad reducida de lácteos. El truco está en ingerir lácteos junto con otros alimentos que no contengan lactosa y no ingerir demasiados lácteos a la vez. También va muy bien llevar un diario de alimentos para averiguar cuáles son los que tolera y los que no tolera el organismo.

Los lácteos son la mejor fuente de calcio, un mineral fundamental para el crecimiento óseo. Puesto que un adolecente necesita unos 1.300 miligramos (mg) de calcio al día, la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda incluso a los adolescentes con intolerancia a la lactosa que sigan incluyendo algunos lácteos en su dieta.

Alimentos como el queso o el yogur pueden ser más fáciles de digerir que la leche, de modo que prueba a tomar un yogur de postre o a incluir un trozo de queso en tu bocadillo. La leche sin lactosa también es una buena forma de añadir calcio a la dieta sin los problemas asociados a la lactosa.

Tomar un suplemento alimenticio que contenga la enzima lactasa también te puede ayudar. Si lo tomas antes de ingerir lácteos, te ayudará a digerir la lactosa, de modo que no presentarás los síntomas propios de la intolerancia a la lactosa, como dolor de estómago, retortijones, sensación de hinchazón o plenitud, gases y diarrea.

Los adolescentes que padecen los síntomas más graves de la intolerancia a la lactosa es posible que deban evitar todos los lácteos. Es súper-importante que estos adolescentes encuentren otras buenas fuentes de calcio, de modo que es muy recomendable que consulten a un dietista titulado. Los dietistas saben mucho sobre la alimentación y pueden ayudar a la gente con intolerancia a la lactosa a encontrar alternativas a los lácteos y a desarrollar una dieta equilibrada que les proporcione todo el calcio que necesitan para desarrollar unos huesos sanos y fuertes.

He aquí algunos consejos para abordar la intolerancia a la lactosa:

  • Elige alimentos sin lactosa o que contengan una cantidad reducida de lactosa.
  • Toma un suplemento de la enzima lactasa (como Lactaid) poco antes de ingerir lácteos. Se puede tomar en forma de gotas o de comprimidos e incluso se puede añadir directamente a la leche.
  • Cuando bebas leche o ingieras alimentos que contengan lactosa, ingiere otros alimentos que no contengan lactosa en la misma comida a fin de enlentecer la digestión y evitar problemas. (Por ejemplo, si te vas a tomar un batido de leche, no te lo tomes solo. Combínalo con algo más, por ejemplo, con un sano bocadillo.)
  • Bebe zumos que estén enriquecidos con calcio.
  • El hecho de no ingerir lácteos puede reducir la ingesta de vitamina D por parte de aquellas personas que padecen intolerancia a la lactosa. Si pasas varios minutos al sol dos o tres veces por semana (llevado, por descontado, protector solar), tu cuerpo debería fabricar suficiente vitamina D por sí mismo.
  • Ingiere abundantes alimentos que no contengan lácteos y que sean ricos en calcio, como el brócoli, las alubias, el tofu o la leche de soja. Considera la posibilidad de tomar quesos duros y curados, como el Cheddar, que tienen bajo contenido en lactosa.
  • Los yogures, al contener cultivos bacterianos activos, son más fáciles de digerir y, por lo tanto, es mucho menos probable que provoquen los problemas derivados de la intolerancia a la lactosa.
  • Aprende a leer las etiquetas de los productos alimenticos. La lactosa se añade a algunos alimentos envasados, enlatados, congelados y preparados de forma industrial, como el pan, los cereales para el desayuno, los embutidos, los aliños para ensaladas, las masas de muchos pasteles y galletas y algunos productos que se añadan al café para que quede más cremoso. Deberás estar pendiente de las palabras que indican que un alimento contiene lactosa como, por ejemplo, las siguientes: mantequilla, queso, crema de leche, nata, leche deshidratada, leche en polvo, leche granulada, sólidos lácteos y suero.

Revisado por: J. Fernando del Rosario, MD
Fecha de revisión: octubre de 2011

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