Responsabilizarte de tu propio cuidado médico

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Responsabilizarte de tu propio cuidado médico

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Al igual que aprender a conducir o a organizarse los gastos, responsabilizarte de tu propia salud forma parte del proceso de transformarte en un adulto independiente. He aquí algunos consejos sobre qué implica este proceso y sobre por qué es tan importante.

Por qué es tan importante

Eres como la mayoría de los adolescentes, has dejado tu atención médicas en manos de tus padres. De hecho, a ellos les importa y les preocupa tanto tu salud como a ti mismo. Pero nadie sabe tanto sobre tu propio cuerpo como tú: vives dentro de él y eres quien sabe cuando hay algo que no va bien.

El hecho de responsabilizarte de tu propia salud te permitirá tomar decisiones que repercuten sobre tu día a día. Y también te preparará para cuando llegue el momento en que seas tú quien se encargue de hacerse un seguro médico o de tomar decisiones sobre la salud de tus propios hijos.

Qué debes saber

Lo más probable es que ya sepas algunas cosas sobre tu propia salud. La mayoría de nosotros hemos tenido que faltar a clase por haber contraído una enfermedad vírica, hemos tenido que tomar algún tipo de medicamento o hemos sufrido alguna lesión deportiva en algún momento.

Pero, incluso la gente que tiene mucha experiencia tratando con médicos y hospitales tiene lagunas en sus conocimientos sobre el sistema médico. Si padeces una afección médica, como la diabetes o el asma, es posible que conozcas bien algunos aspectos (como cuándo has de tomar tu medicación), pero que estés mucho menos informado sobre otros (como el nombre del medicamento que tomas o cómo rellenar una receta).

Ha llegado el momento de llenar esas lagunas. He aquí cómo.

Empieza obteniendo información sobre tus datos médicos fundamentales. Conocer estos datos te ayudará en caso de emergencia. Pide a tu madre, a tu padre o a quien se encargue de llevar tus temas médicos que te facilite los siguientes seis datos:

  1. El nombre, la dirección y el número de teléfono de tu médico (o médicos).
  2. Detalles sobre los medicamentos que tomas. Si no sabes por qué tomas ese pequeño comprimido verde cada mañana, ha llegado el momento de averiguarlo.
  3. Información sobre tu pasado médico. Las vacunas que has recibido, si has tenido problemas médicos importantes y detalles sobre las operaciones o tratamientos hospitalarios a los que te has sometido.
  4. Tus antecedentes médicos familiares. Pregunta a tus parientes si en tu familia se han dado enfermedades como el cáncer o la diabetes.
  5. Cualquier alergia que puedas tener.

Parte de esta información (como los datos para contactar a tu médico, tus alergias o los medicamentos que tomas) deberías guardarla en tu teléfono móvil. Guarda el resto de la información, como los datos sobre tu pasado médico, en un lugar seguro y de acceso limitado, como un "pen drive" o una memoria USB, protegido mediante contraseña.

Qué debes hacer

Empezar a tomar tus propias decisiones

Cuantas más cosas aprendas sobre tu propia salud, más acertadas serán las decisiones que tomes y más cómodos se sentirán tus padres permitiendo que las tomes.

Elegir a tu propio médico es una de las decisiones más importantes que puedes tomar. Muchas familias prefieren conservar al médico que ha llevado a sus hijos cuando eran niños a lo largo de la adolescencia (pero, si tu médico es pediatra, deberás hacer el cambio más adelante). Otras familias consideran que la adolescencia es un buen momento para que sus hijos cambien a un médico de familia, un especialista en medicina adolescente o un internista.

Tu médico debe ser una persona con quien te sientas cómodo para hablar sobre cualquier cosa, como tu imagen corporal, el hecho de salir con chicos o chicas, tus relaciones sentimentales, la presión del grupo para beber alcohol o consumir drogas, los problemas escolares o la depresión. Haz un esfuerzo por aclarar cuáles son los aspectos que más te importan, como tener un médico que te haga buenas preguntas, que sea joven o que sea de tu mismo género. Tómate todo el tiempo que necesites para encontrar al médico adecuado. Si has de cambiar de médico un par de veces, no pasa nada.

Incluye a tus padres en la toma de decisiones. Ellos se han encargado de llevar todos los temas relacionados con tu salud hasta ahora y lo más probable es que necesiten un período de transición lo más suave posible. Es posible que tus padres prefieran que te sigas atendiendo con un médico en concreto; por ejemplo, si tienes hermanos y/o hermanas, probablemente les resultará más fácil que el mismo médico los atienda a todos a la vez. De todos modos, seguirán habiendo formas de que tomes tus propias decisiones.

He aquí algunas de las cosas que puedes empezar a hacer cuando tengas alrededor de 14 años:

  • Concertar tus propias horas de visita con tus médicos. ¿Se te ha reactivado la alergia? ¿Te toca el exámen médico deportivo? Dile a tu madre o tu padre que quieres ser tú quien llame para pedir hora de visita. Si crees que te va a ayudar, pide a tu madre o a tu padre que se siente a tu lado mientras haces la primera llamada o hazte una lista sobre los aspectos que deberías comentar cuando hagas la llamada.
  • Llamar cuando necesites nuevas dosis de medicamentos y pasarlos a recoger por la farmacia. Ahora es posible bajar aplicaciones para obtener mas cantidad de medicamentos que ya han sido recetados sin necesidad de llamar por teléfono.
  • Conservar tu propio registro personal de documentos relacionados con tu salud.
  • Dedicar un tiempo para estar a solas con tu médico en cada vista. Esto te ayudará a construir una buena relación "de tú a tú" con tu médico.

He aquí lo que deberías hacer tras concluir la escuela secundaria:

  • Tener copias de tu historia clínica o información sobre cómo conseguirla (por ejemplo, el lugar donde la guardan en tu centro de estudios o en la oficina de tu médico).
  • Saber el nombre de tu seguro médico y con quién has de contactar para poderlo utilizar.
  • Entender la información básica sobre la cobertura de tu seguro médico y sobre cómo beneficiarte de este tipo de servicios cuando dejes de estar incluido en el seguro de tus padres.
  • Saber cómo obtener referidos/derivaciones a especialistas, en caso de que las necesites.
  • Si padeces una afección médica de carácter crónico o necesitas atención médica especial, saber contactar con tu sede local del Seguro Social para beneficiarte de sus servicios a partir de los 18 años.

Aunque vayas adoptando un rol cada vez más activo en la organización de tu propia salud, puedes seguir pidiendo ayuda a tus padres. A pesar de que estés bastante seguro de conocer las respuestas, pedir ayuda es una buena forma de trasmitir a tus padres la tranquilidad de que te responsabilizas de tu propia salud y de que les formularás las preguntas necesarias cuando lo necesites.

Los planes de salud de los seguros médicos pueden ser complicados y cambian a menudo. El hecho de permitir que tus padres participen en el proceso te puede ayudar a estar seguro de que los médicos aceptarán tu seguro médico y, de este modo, no tendrás que asumir la responsabilidad de todo el proceso.

Cuida bien de tu salud

Tal vez la mejor forma, y también la más fácil, de responsabilizarte de tu propia salud consista en empezar a cuidarte. Puedes hacerlo a cualquier edad:

  • Mantén un peso saludable.
  • Ingiere abundantes frutas, verduras y hortalizas, así como otros alimentos saludables (como los cereales integrales).
  • Duerme lo suficiente.
  • Haz ejercicio con regularidad.
  • Ayuda a tu cuerpo a seguir creciendo y evita fumar, beber alcohol y consumir drogas.
  • Si tomas medicamentos, sigue las instrucciones al pie de la letra. Evita saltearte dosis programando recordatorios en tu teléfono móvil o tomándotelas a las mismas horas en que inicias otras actividades cotidianas, como cepillarte los dientes. Cuando el médico te recete un medicamento, pregúntale qué deberías hacer en caso de que te saltearas una toma.
  • Si padeces una enfermedad como diabetes o asma, pide a tu madre, padre o médico que diseñe un programa paso por paso que tú puedas seguir para organizar tu propio tratamiento.

Empieza ahora

Es fácil dejar que tus padres lleven la sartén por el mango y que te saquen siempre las castañas del fuego, pero responsabilizarte de tu propia salud es una forma estupenda de desarrollar una habilidad fundamental para la vida y de demostrar tu independencia. Es el mejor punto de partida que te puedes dar a ti mismo para iniciar el camino hacia un bienestar que ojalá se prolongue durante toda la vida.

Revisado por: Cory Ellen Nourie, MSS, MLSP
Fecha de revisión: marzo de 2013

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