Aparatos ortodónticos: La historia de Rachel

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Aparatos ortodónticos: La historia de Rachel

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Cuando me sacaron los aparatos ortodónticos en mi primer año de universidad, estaba eufórica. Después de 3 largos años con metales, finalmente tuve la sonrisa que quise.

Me dijeron que necesitaba usar un retenedor para mantener la nueva posición de mis dientes. Al principio los usaba como debía. Pero después de un tiempo comenzaron a ser una molestia. Estaba cansada de revisar la basura en la cafetería después de tirar mi retenedor accidentalmente. Odiaba lo pegajoso que se ponía si no lo lavaba con frecuencia. Tenía una barra de metal que colgaba del techo de mi boca para mantener mi lengua en la parte posterior. Hacía que hablara y pareciera muy rara.

Así que después de algunas semanas decidí que ya no necesitaba mi retenedor. Y decidí que no necesitaba ir a las visitas de seguimiento que el ortodoncista recomendaba. Pensé, ¿para qué necesito un ortodoncista? Ya no uso los aparatos ortodónticos.

Algunos meses después de que dejé de usar mi retenedor, me los puse solo por curiosidad. Sentí que alguien apretaba mis dientes con hilos, era tan doloroso que tuve que sacármelos de inmediato. Pensarás que era una advertencia, pero no volvía a pensar en eso.

De hecho, no pensé más en ellos hasta el final de mi primer año de universidad. De pronto, mis dientes se veían bastante mal. Ya no eran dientes rectos y hermosos como antes. Y eso fue lo extraño, parecía que sucedió de la noche a la mañana. Pero en realidad, cuanto menos usaba el retenedor, más se movían. La intención del retenedor era retener mi sonrisa; se suponía que tenía que mantener mis dientes en los lugares donde los aparatos ortodónticos los habían dejado. Pero sin el retenedor, mis dientes se movieron todos los días un poco, un poco más el día siguiente, hasta que se pusieron... feos.

¡Ey! ¿Qué le sucedió a mis nuevos dientes?

Cuando volví a casa ese verano decidí volver al ortodoncista. Decidí ir a un nuevo ortodoncista, porque en ese momento culpaba a mi antiguo ortodoncista por el regreso de los dientes torcidos en lugar de culpar a quien correspondía, a mí. Investigué y elegí un ortodoncista cerca de mi casa que había arreglado los dientes de una amiga en el secundario.

El ortodoncista me atendió y me dijo que mis dientes se habían movido hacia afuera porque mi lengua los empujaba. Eso significaba que en lugar de dejar la lengua en la parte superior de la boca al trabajar, la empujaba hacia adelante. Como la lengua es un músculo fuerte, pudo mover mis dientes frontales hacia adelante. De pronto, me di cuenta de que la barra de metal de mi antiguo retenedor era importante después de todo.

El ortodoncista me dijo que si quería volver a arreglar mis dientes deberían sacarme cuatro dientes y colocarme aparatos ortodónticos en los dientes restantes para cerrar los orificios. Y eso costaría varios miles de dólares.

Como era la segunda vez que utilizaba aparatos ortodónticos, mi seguro de salud no lo cubriría. Tuve que pagar mis aparatos ortodónticos yo misma. Pagué un gran depósito y tuve la suerte de acordar un plan de pago mensual con el ortodoncista.

Aparatos ortodónticos en el campus

Mi segunda vez con aparatos ortodónticos fue muy difícil. A diferencia de la escuela secundaria, cuando los aparatos ortodónticos son tan comunes como el cabello recogido, era una de las pocas estudiantes que los usaba. Hacía que me destaque de un modo que yo no quería.

Al principio, mis aparatos ortodónticos me hacían sentir cohibida y no quería sonreír. El dinero que tenía que gastar cada mes hacía que quisiera gastar menos en otras cosas, como cenas agradables o nuevos pantalones. Y como iba a la universidad en otro estado, tenía que encontrar el momento para conducir varios cientos de millas para volver a casa cada vez que necesitaba un ajuste, aproximadamente cada 6 a 8 semanas.

Me sacaron los aparatos ortodónticos por segunda vez al comienzo de mi último semestre de la universidad. Estaba feliz con los resultados, aunque creo que me gustaba más mi sonrisa después de la primera vez que usé aparatos ortodónticos. No obstante, está bien así. Porque a través de esta experiencia aprendí que siempre puedes encontrar algo sobre tu apariencia que no te gusta. Si puedes resolverlo está bueno. Si no, no es el fin del mundo. Una vez que superé que mi sonrisa iba a ser un poco complicada durante un tiempo, pude asistir a fiestas y divertirme.

Aunque me di cuenta de eso, no quisiera tener que vivir esto otra vez. Es por eso que mi retenedor se queda en mi boca a menos que lo esté limpiando o esté comiendo. Si hubiese seguido las instrucciones de mi ortodoncista la primera vez, me hubiera ahorrado mucho tiempo y dinero y hubiera evitado el dolor y la incomodidad.

En pocas semanas solo tendré que usar el retenedor durante la noche. Unos meses después de eso, seguramente me dirán que puedo dejar de usarlo. Pero creo que los usaré para siempre, por si acaso

Revisado por: Charlie J. Inga, DDS
Fecha de la revisión: noviembre de 2011

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