Las fobias

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Las fobias

(Phobias)

"¡Vamos, Marisa!", gritaron todos los niños de quinto grado desde a dentro de los grandes ascensores. "Apresúrate. ¿No quieres llegar al último piso?"

Marisa tenía una expresión apesadumbrada y pensó para sí misma: "Por supuesto que quiero llegar. Ésa es la razón por la que vine a este viaje de estudio". Pero cuando miró hacia donde estaban sus amigos, sintió celos. ¿Cómo era posible que ninguno de ellos estuviera aterrorizado de subir en el ascensor?

"Estoy bien", dijo tan alegremente como pudo. "Iré por las escaleras y me encontraré con ustedes arriba". Cuando se dio cuenta de todos los pisos que tendría que subir, no se sintió demasiado feliz. Pero respiró hondo, aliviada, al saber que no tendría que tomar ese terrorífico ascensor.

¿Qué es una fobia?

Una fobia es una manera elegante de nombrar un temor. Sin embargo, una fobia no es cualquier temor. Es normal que los niños sientan temor frente a determinadas situaciones: rendir una prueba difícil en la escuela, pasar junto a un perro que está gruñendo en la calle o escuchar un trueno ensordecedor.

Una fobia es diferente, porque es un temor extremadamente intenso frente a una situación o algo determinado. Es también un tipo de temor que no desaparece. Un niño que sufre una fobia sentirá temor de algo cada vez que vea o experimente eso. No sentirá ese temor sólo una o dos veces. Los niños que padecen fobias suelen evitar la situación o aquello que los atemoriza.

Por esa razón, Marisa tuvo que subir por las escaleras. Ella tiene fobia de estar en lugares cerrados y se sentía demasiado asustada como para tomar el ascensor. En ocasiones, cuando un niño padece una fobia y se ve obligado a enfrentarse con aquello que le produce temor, puede ponerse muy nervioso y sufrir un ataque de pánico.

¿Cómo es un ataque de pánico?

Los ataques de pánico pueden resultar muy atemorizantes y hacer que una persona tiemble, transpire y respire más rápido de lo normal. Algunas personas que sufren ataques de pánico pueden llegar a tener dolores de pecho, estar mareados o sentir que su corazón está latiendo demasiado fuerte y no pueden respirar.

Un ataque de pánico puede llevar a un niño a pensar que algo terrible va a suceder, que no va a poder escapar o que va a perder el control. Algunos niños que sufren ataques de pánico afirman que mientras lo padecen sienten que no pueden pensar con claridad o que se están "volviendo locos".

Los ataques de pánico no duran demasiado. Sin embargo, el que lo está sufriendo siente que dura mucho más. En ocasiones, aun cuando un niño sabe que su fobia no tiene sentido, no puede evitar que la mente y el cuerpo reaccionen y sobrevenga el ataque de pánico.

Distintos tipos de fobias

Existen varios tipos de fobias. La más común es la fobia social. Una fobia social puede hacer que alguien tenga miedo de sentirse incómodo frente a otras personas.

Un niño que sufre una fobia social podría sentir temor de hablar con un maestro o entrenador, o tener miedo de caminar frente a sus compañeros de clase cuando necesita ir al baño.

Una fobia social podría hacer que para un niño fuera casi imposible leer una reseña sobre un libro frente a la clase o, incluso, disfrutar de una fiesta de cumpleaños. Si bien la mayoría de los niños podrían sentir cierto temor cuando tienen que leer una reseña sobre un libro frente a un grupo numeroso de compañeros o cuando deben hablar con un maestro, un niño que padece una fobia social siente tanto temor que no consigue disfrutar de la vida o desempeñarse como otros niños.

En ocasiones, las personas pueden pensar que un niño que padece una fobia social sólo es tímido, pero no se trata de lo mismo. Un niño que padece una fobia social quizá desee salir y tener muchos amigos, pero no puede controlar su temor de estar con otras personas.

La agorafobia es otro tipo de fobia. Una persona que padece agorafobia temerá sufrir un ataque de pánico si se encuentra en un lugar del que es difícil o incómodo salir. El temor al pánico es tan intenso que suelen evitar aquellas situaciones (como multitudes, carreteras o una tienda llena de gente) donde podrían sufrir un ataque de pánico.

El temor de Marisa a subir en el ascensor se define como claustrofobia. La claustrofobia es el temor de encontrarse en un espacio cerrado, como un ascensor, un túnel o un avión.

Existen tantas fobias como objetos y situaciones. La aracnofobia es el temor a las arañas, mientras que la ablutofobia es el temor a lavarse, o a tomar un baño o una ducha.

¿Por qué los niños padecen fobias?

Nadie sabe exactamente por qué algunos niños padecen fobias. Algunos científicos creen que los genes de una persona podrían guardar cierta relación con las fobias y que es probable que el padre de un niño que padece una fobia social también la padezca. En ocasiones, un hecho traumático en la vida del niño -como la muerte de uno de sus padres, el divorcio de éstos o una mudanza- puede desencadenar la fobia.

Sin embargo, los científicos conocen ciertos datos acerca de las fobias. Saben que 5 de cada 100 personas en los Estados Unidos padecen una fobia o más de una. Las mujeres son apenas más propensas que los hombres a padecer fobias. La mayoría de las fobias sociales comienzan en la adolescencia, aunque este tipo de fobia y otros también pueden desencadenarse cuando el niño es más pequeño.

¿Cómo se tratan las fobias?

Como primera medida, los niños que padecen fobias suelen visitar a su médico. En muchos casos, el médico sugerirá que el niño consulte a un psicólogo, psiquiatra o terapeuta. Si alguno de estos especialistas diagnostica que el niño padece una fobia, podrá ayudarlo.

Algunos niños deberán tomar alguna medicación que los ayude a manejar mejor sus fobias. En ocasiones, un niño puede aprender de qué otro modo manejar su fobia. Esto podría incluir ejercicios de relajación que lo ayuden a sentirse más en control. Una de las maneras de manejar una fobia es enfrentarla.

Por ejemplo, el tratamiento de Marisa podría incluir subirse a un ascensor, aunque empezaría simplemente por observar a otras personas subirse o por entrar en el ascensor con las puertas abiertas.

Dependiendo del niño y de qué tan severa sea la fobia, el tratamiento puede durar semanas, meses o aún más tiempo. Mientras tanto, es importante recordar que las fobias pueden tratarse y que los niños pueden aprender a manejarlas para sentirse más en control de sus vidas.

Actualizado y revisado por: D'Arcy Lyness, PhD
Fecha de revisión: septiembre de 2013

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