Ototoxicidad (toxidad auditiva)

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Ototoxicidad (toxidad auditiva)

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A veces, algunos niños que toman dosis elevadas de medicamentos para tratar el cáncer, infecciones u otras enfermedades desarrollan problemas auditivos o de equilibrio (o ambos a la vez) debido al consumo de medicamentos. Cuando un medicamento daña o deteriora el oído interno (la parte del oído responsable de recibir sonidos y de controlar el equilibrio), este daño recibe el nombre de ototoxicidad o "toxidad auditiva".

El grado de deterioro del oído depende del tipo de fármaco que esté tomando el niño, cuál sea su dosis y durante cuánto tiempo lo tome. Y la gravedad de la afectación varía entre los distintos pacientes. Algunos niños pueden no tener pérdidas auditivas o tenerlas muy leves acompañadas de un leve "zumbido en los oídos" (acúfeno), mientras que otros pueden tener graves problemas para mantener el equilibrio y/o importantes pérdidas auditivas (sordera).

Por suerte, cuando la ototoxicidad se detecta pronto, los médicos pueden impedir que los problemas empeoren, recomendando a sus sesiones de rehabilitación que necesiten para tratar su deterioro.

Signos y síntomas

Algunos niños experimentan pérdidas auditivas evidentes, generalmente en ambos oídos (lo que se denomina déficit auditivó bilateral). Pueden tener problemas para oír ciertas cosas, desde los sonidos muy agudos hasta el sonido del habla cuando hay ruido de fondo. O pueden tener acúfenos, que no solo consisten en oír ese molesto pitido en los oídos, sino también en oír otros sonidos extraños, como silbidos, zumbidos o rugidos.

De todos modos, hay veces en que solo se producen lesiones muy limitadas y los niños ni siquiera llegan a percibir el problema. O lo pueden pasar mal cuando tienen que oír sonidos muy agudos mientras que oyen perfectamente todo lo demás. En calidad de padre, puede ser difícil distinguir en un momento dado si su hijo no le oye (no dispone de esa capacidad) o si se trata simplemente de que no le está prestando atención (algo que les ocurre a la mayoría de los niños).

La mayoría de los niños con problemas auditivos:

  • tienen habla limitada o pobre o no hablan en absoluto
  • suelen presentar falta de atención
  • tienen problemas en el colegio o dificultades de aprendizaje
  • necesitan subir el volumen del televisor o de la música
  • no responden al habla conversacional o contestan de forma inapropiada (los bebés y los niños que todavía no han aprendido a hablar no se sobresaltan ni giran la cabeza cuando oyen un sonido fuerte)

Cuando está afectado el equilibrio, los niños se caen a menudo y presentan síntomas de desequilibrio (una sensación de inestabilidad y mareo que dificulta conductas como ponerse de pie, andar o subir escaleras sin caerse). Pueden andar con las piernas demasiado separadas o ser incapaces de andar sin tropezar. Andar en la oscuridad también les puede resultar complicado.

En los casos más graves, la vista también puede quedar afectada y los niños pueden ver imágenes que rebotan, saltan erráticamente o que se ven borrosas cuando mueven la cabeza (lo que se denomina oscilopsia). Como consecuencia de sus problemas de equilibrio y de vista, los niños pueden desarrollar frecuentes dolores de cabeza, o sentirse aturdidos, como si se les fuera la cabeza, mareados o desorientados. La oscilopsia también puede cursar con vómitos y diarrea, así como con cambios en la frecuencia cardíaca y en la tensión arterial.

Los síntomas de la ototoxicidad pueden aparecer de repente tras un curso de tratamiento con fármacos o bien manifestarse de forma gradual a lo largo del tiempo.

Diagnóstico

No hay ninguna forma de evaluar si un medicamento en concreto ha causado ototoxicidad, pero los médicos están bien informados sobre qué medicamentos pueden incrementar este riesgo.

Antes de administrar a su hijo cualquier medicamento nuevo, pregunte a su pediatra por cualquier posible efecto secundario para saber qué esperar y en qué se debería fijar. Algunos pediatras informan a los padres de sus pacientes sobre si los medicamentos que les han de administrar se asocian a un riesgo elevado de ototoxicidad y les recomiendan llevarlos a un audiólogo (especialista en audición) o a un terapeuta vestibular (un profesional formado en tratar los problemas de equilibrio), quienes estarán pendientes de los posibles problemas que podrían presentar sus pacientes.

Si el pediatra cree que de su hijo podría padecer ototoxicidad, es posible que él mismo evalúe la audición y el sentido del equilibrio del niño o que lo remita a un audiólogo o a un otorrinolaringólogo (médico especializado en nariz, oído y garganta) para que le practiquen las pruebas pertinentes, entre las que se incluyen las siguientes:

  • Pruebas audiológicas conductuales. Suponen la atenta observación de la respuesta conductual de un niño ante distintos sonidos, como el habla controlada y los tonos puros. Los tonos puros son frecuencias específicas de determinados sonidos. A veces se utilizan otras señales graduadas para obtener información sobre frecuencias.
  • Prueba de respuesta auditiva del tronco encefálico (RATE). Se colocan diminutos audífonos dentro de los conductos auditivos. Generalmente los audífonos permiten amplificar sonidos tipo clic y los electrodos miden las respuestas del nervio auditivo a dichos sonidos.
  • Prueba de emisiones otoacústicas (EOA). Se coloca una diminuta sonda dentro de los conductos auditivos, luego se emiten muchos sonidos pulsátiles y se registra la respuesta en "eco" procedente de las células del oído interno. Un registro normal se socia a una función del oído interno normal y refleja una audición normal. Esta prueba, en combinación con la prueba RATE, se suele utilizar con lactantes y niños pequeños.
  • Electronistagmograma (ENG). Para evaluar el equilibrio, un ordenador registra los movimientos oculares involuntarios (denominados nistagmos) mientras se le pide al niño que centre la atención en un estímulo visual o mientras se le inyecta agua fría en el conducto auditivo. También se le puede modificar la posición de su cabeza mientras los médicos observan lo movimientos oculares del niño.
  • Posturografía. Esta prueba evalúa la capacidad del niño para mantener el equilibrio mientras permanece sobre una plataforma estable o inestable.
  • Cuestionarios de equilibrio. Si su hijo es lo bastante mayor como para describir sus problemas médicos, se le puede formular una serie de preguntas sobre el grado de mareo que experimenta a lo largo del día mientras realiza distintas actividades.

Aunque estas pruebas permiten diagnosticar problemas auditivos o de equilibrio, la mayoría de los problemas asociados a la ototoxicidad suelen pasar desapercibidos. Esto obedece a que los niños pueden tener pérdidas aditivas mínimas asociadas a síntomas que ellos consideran que no merece la pena explicar a sus padres o médicos. O es posible que no noten nada en absoluto.

Y los problemas de equilibrio todavía pueden ser más difíciles de detectar, ya que a los niños les cuesta mucho más que a los adultos identificar y describir este tipo de problemas.

Tratamiento

A pesar de que prosigue la investigación sobre fármacos que permitan evitar o revertir la ototoxicidad, hoy en día no existe ningún método infalible para hacerla remitir. No obstante, la buena noticia es que el oído es posible que solo necesite tiempo para curarse.

Y algunos niños pueden dejar de tener problemas auditivos y/o de equilibrio si dejan de tomar la medicación ototóxica que se los estaba provocando. Los pediatras pueden evitar que empeoren los problemas de ototoxicidad modificando la dosis o el medicamento. De todos modos, esto no siempre es posible; hay ciertos fármacos que son fundamentales para tratar infecciones o enfermedades específicas, por lo que resulta imposible reducir la dosis o cambiar de medicamento. En estos casos, los pacientes se pueden beneficiar de la terapia auditiva verbal y de la lectura del habla (o de los labios).

Aquellos cuya ototoxicidad se asocia a un grave deterioro del oído interno pueden necesitar dispositivos de amplificación, audífonos o implantes cocleares.

Los dispositivos de amplificación denominados sistema FM pueden ayudar a reducir el ruido de fondo. Los sistemas FM, también conocidos como "entrenadores auditivos", se pueden utilizar en las clases para mejorar la audición en situacion de grupo o en ambientes ruidosos y también se pueden adaptar al uso personal o doméstico. También existen otros dispositivos de escucha o de alerta que permiten ayudar a los niños mayores.

Hay audífonos de formas diferentes que se colocan dentro o detrás del oído para amplificar el volumen del sonido. Los debe regular un audiólogo para que el sonido generado esté lo bastante amplificado como para que el paciente lo pueda oír con claridad. A veces, la pérdida auditiva es tan importantes que los audífonos más potentes no pueden amplificar el sonido lo suficiente como para que la persona lo pueda oír. En estos casos, se suelen recomendar implantes cocleares.

Los implantes cocleares son unos dispositivos que se implantan quirúrgicamente y que permiten desempeñar la función de un oído interno deteriorado, enviando señales directamente al nervio auditivo. Un pequeño micrófono colocado detrás del oído recoge las ondas sonoras y las envía a un receptor colocado debajo del cuello cabelludo. Este receptor se encarga de trasmitir impulsos directamente al nervio auditivo. Estas señales se perciben como sonidos, lo que permite que la persona los pueda oír.

Si el niño presenta problemas de equilibrio, deberá someterse a un tratamiento de equilibrio (también conocido como "rehabilitación vestibular") realizado por un fisioterapeuta o un terapeuta vestibular. Este tratamiento puede incluir ejercicios de entrenamiento que favorecen la coordinación y el equilibrio. Los ejercicios pueden implicar que el niño se agache, se ponga de pie o camine (primero con los ojos abiertos y luego con los ojos cerrados) o que el terapeuta recoloque la cabeza del niño en diferentes ángulos para hace salir fluidos o desechos de determinadas partes del oído.

La clave está en la detección precoz

Cuanto antes se diagnostique la ototoxicidad en un niño, antes se podrá iniciar su tratamiento.

En los bebés y los niños muy pequeños, es especialmente importante hacer el diagnóstico lo antes posible, ya que necesitan oír voces y conversaciones con claridad a fin de desarrollar completamente el habla y el resto de habilidades lingüísticas. En los niños mayores, los problemas auditivos pueden repercutir tanto sobre su socialización y su forma de comunicarse con los demás como sobre su rendimiento escolar. Y los problemas de equilibrio pueden tener un efecto importante sobre los niños de cualquier edad, sobre todo porque los pueden exponer al riesgo de caídas peligrosas.

Si su hijo está teniendo problemas auditivos y/o de equilibrio y está tomando dosis elevadas de algún medicamento, hable con su pediatra. Asegúrese de mencionar todos los síntomas que presenta su hijo, aunque no parezcan estar relacionados. Por ejemplo, tal vez no crea que cosas como sus dificultades para andar o el hecho de no prestar atención en clase puedan tener algo que ver con sus oídos, aunque lo pueden tener.

Si le preocupa alguna medicación que está tomando su hijo, póngase siempre en contacto con su pediatra, pero no se le ocurra modificar la dosis ni dejar de dársela sin hablar antes con él.

Revisado por: Robert C. O'Reilly, MD
Fecha de revisión: marzo de 2012

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Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.
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