Fiebre tifoidea

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Fiebre tifoidea

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La fiebre tifoidea es una infección grave y, en algunos casos, con riesgo de vida, que afecta en su mayoría a personas de los países en vías de desarrollo, en los que es difícil encontrar agua potable y otras medidas sanitarias. La enfermedad suele provocar síntomas como fiebre elevada, dolor de estómago y dolor general. Se puede curar con antibióticos.

Si vive en Estados Unidos, las probabilidades de que un integrante de su familia sufra de fiebre tifoidea son mínimas. Pero si tiene planeado viajar a un país extranjero, en especial uno ubicado en la zona de los trópicos, es conveniente que esté informado sobre la fiebre tifoidea. Antes de viajar, vacúnese contra la enfermedad e infórmese acerca de las precauciones de seguridad relacionadas con el agua y los alimentos.

Acerca de la fiebre tifoidea

La fiebre tifoidea es provocada por la bacteria Salmonella Typhi (S. Typhi), que está relacionada con la bacteria salmonella que provoca la intoxicación con alimentos. La S. Typhi suele vivir en los humanos y se despide las heces y la orina.

Una vez que la bacteria se introduce en el cuerpo, se multiplica rápidamente y pasa al torrente sanguíneo. El organismo responde con fiebre elevada y otros síntomas, que aparecen, por lo general, entre una o dos semanas después de la exposición a la bacteria (en algunos casos, más tarde). Los síntomas pueden ser de leves a graves y suelen desaparecer entre 2 y 5 días después de comenzar el tratamiento con antibióticos.

Sin tratamiento, la fiebre tifoidea puede durar un mes o más, y transformarse en una enfermedad muy grave e incluso con riesgo de vida.

Después de recuperarse de la fiebre tifoidea, algunas personas pueden continuar siendo portadoras de la bacteria. Esto significa que no tendrán síntomas, pero tienen la bacteria en su organismo y pueden transmitirla a otras personas.

Cómo se contrae

En general, las personas se contagian la fiebre tifoidea al tomar bebidas o comer alimentos que han sido manipulados por alguien que tiene fiebre tifoidea o que es portador de la enfermedad. Quienes están infectados también pueden contagiar la enfermedad a otras personas de manera directa (por ejemplo, al tocarlos sin lavarse las manos). También se puede contraer la enfermedad al beber agua contaminada por desechos cloacales que contienen la bacteria S. Typhi.

Por este motivo, la enfermedad es común en zonas con malos sistemas de tratamiento de los desechos cloacales y el agua. También es común en las zonas tropicales y subtropicales del mundo, como África, Asia y América Latina.

Señales y síntomas

Los síntomas de la fiebre tifoidea pueden ir de leves a graves, según factores como la edad, la salud y las vacunas que haya recibido la persona infectada, así como el lugar geográfico en el cual se originó la infección.

La fiebre tifoidea puede aparecer repentinamente o de manera gradual durante el transcurso de unas pocas semanas. Los primeros síntomas y señales de la enfermedad incluyen los siguientes:

  • fiebre que puede llegar hasta 104ºF (40ºC)
  • dolor, cansancio o debilidad
  • constipación
  • diarrea
  • dolor de cabeza
  • dolor de estómago y falta de apetito
  • dolor de garganta

Si la fiebre tifoidea no recibe tratamiento, los síntomas empeoran semana tras semana. Además de la fiebre, algunas personas pierden peso; desarrollan una inflamación en el vientre; tienen sarpullido con manchas de color rojizo en la parte inferior del pecho o la parte superior del vientre. Este sarpullido suele desaparecer en 2 a 5 días.

En la mayoría de los casos, los síntomas de la fiebre tifoidea comienzan a desaparecer en la tercera o cuarta semana, siempre y cuando la enfermedad no cause otros problemas de salud. Después de que la enfermedad parece haber desaparecido, puede volver a presentarse.

Complicaciones

Los problemas graves de salud (complicaciones) como resultado de la fiebre tifoidea son muy poco frecuentes en los niños. Cuando los niños desarrollan complicaciones, suelen ser problemas gastrointestinales, específicamente una perforación de los intestinos (un orificio en los intestinos). Ésta es una complicación que pone en riesgo la vida y requiere atención médica inmediata.

Las complicaciones menos comunes incluyen problemas con los pulmones o el corazón, infecciones en los huesos o las articulaciones, infecciones del tracto urinario o problemas mentales.

Cuándo llamar al médico

Comuníquese con el médico si cree que su hijo ha estado expuesto a la fiebre tifoidea o desarrolla algún síntoma de fiebre tifoidea, incluso los más leves, en especial después de visitar una zona en la cual la infección es común.

Para realizar un diagnóstico, el médico evaluará los síntomas de su hijo y le hará preguntas acerca de los antecedentes médicos del niño y los viajes que han realizado recientemente. Es probable que el médico tome una muestra de las heces, la orina o la sangre para comprobar si está presente la enfermedad.

Tratamiento

La fiebre tifoidea se trata con antibióticos que destruyen a la bacteria S. Typhi. Si el médico le receta antibióticos, asegúrese de que su hijo complete el tratamiento. No dé por finalizado el tratamiento antes si su hijo comienza a sentirse mejor.

La mayoría de los niños comienzan a sentirse mejor entre 2 y 3 días después de iniciar el tratamiento. Además de darle antibióticos, ofrézcale a su hijo muchos líquidos para prevenir la deshidratación. Los niños gravemente deshidratados por la pérdida de líquidos debido a la diarrea pueden recibir líquidos por vía intravenosa en un hospital o en otra instalación de atención médica.

El acetaminofeno puede ayudar a bajar la fiebre y esto hará que su hijo se sienta más cómodo. Comuníquese inmediatamente con el médico si los síntomas de su hijo continúan, si los síntomas desaparecen y vuelven a aparecer o si su hijo desarrolla nuevos síntomas.

Detención de la transmisión

Si su hijo se está recuperando de la fiebre tifoidea o es un portador sano de esta enfermedad, la mejor manera de impedir el contagio es el lavado frecuente de manos. Use agua tibia y restriéguese las manos con jabón durante 20 segundos, como mínimo. También limpie todos los días las cosas que toque su hijo (como inodoros, manijas de puertas y teléfonos). Las personas con fiebre tifoidea deben evitar manipular o preparar alimentos y deben conservar sus elementos personales alejados de las pertenencias de otras personas.

Los niños con fiebre tifoidea no deben concurrir a la escuela hasta que la enfermedad haya cumplido su ciclo y el médico indique que ya no tienen la bacteria S. Typhi. Lo mismo ocurre con los adolescentes que trabajan en la industria alimenticia, quienes por ley tal vez no tengan permitido regresar a trabajar hasta que un médico determine que no tienen la bacteria.

Prevención de la infección

En Estados Unidos, hay dos vacunas disponibles contra la fiebre tifoidea. Una está conformada por una serie de cápsulas, mientras que la otra es una inyección. En algunos casos, es necesario un refuerzo.

La vacuna contra la fiebre tifoidea no se aplica por rutina en el calendario de vacunas infantil; por lo tanto, si su hijo viajará a una zona en la cual la fiebre tifoidea es común, deberá pedirle al médico que le prescriba la vacuna. Los niños deben recibir la vacuna al menos entre 1 y 2 semanas antes de viajar. De esta manera, la vacuna tendrá tiempo para hacer efecto.

Incluso si su hijo ha sido vacunado, recuerde que las vacunas no son totalmente efectivas y que pierden efectividad con el transcurso del tiempo; por lo tanto, asegúrese de tomar (tanto usted como su hijo) las siguientes precauciones en las zonas de alto riesgo:

  • Purifique el agua. Hierva o desinfecte el agua que utilizará para beber, lavar o preparar alimentos, hacer hielo, café o té, o para cepillarse los dientes. Lo más conveniente es beber únicamente agua embotellada (el agua con gas es más segura) u otras bebidas en latas o botellas, pero limpie la parte externa de la botella o la lata antes de beber. Dígales a sus hijos que eviten tomar agua de los grifos, bebidas de máquinas y hielo. Y recuérdeles que no traguen agua en la ducha o el baño.
  • Cocine todos los alimentos. Cueza totalmente todos los alimentos y evite los alimentos de vendedores ambulantes o alimentos que se almacenen o sirvan a temperatura ambiente. Por el contrario, opte por comidas y alimentos envasados que estén recién cocidos y se sirvan calientes.
  • Evite los alimentos crudos. Evite las verduras y las frutas crudas y sin pelar que puedan haber sido lavadas con agua contaminada; en especial, la lechuga y las frutas que no se pueden pelar, como los frutos rojos. Las bananas, el aguacate y las naranjas son mejores opciones, pero asegúrese de pelarlas usted mismo. Por razones de seguridad, tal vez sea conveniente que sus hijos eviten cualquier alimento crudo.
  • Lávese las manos con frecuencia. Lávese con agua pura tibia y jabón, en especial después de que los niños usen el baño o antes de preparar alimentos. Si no hay agua y jabón, use un desinfectante para las manos a base de alcohol.

Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD
Fecha de revisión: diciembre de 2012

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