Lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA)

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Lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA)

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(Anterior Cruciate Ligament (ACL) Injuries)

Sobre las lesiones del LCA

Las lesiones de rodilla son comunes en los niños activos, sobre todo en los que hacen deporte, y el esguince o desgarro del ligamento cruzado anterior (LCA) — un ligamento que ayuda a mantener la estabilidad de la rodilla — es una de las lesiones de rodilla más comunes.

Los niños que realizan deportes de contacto (como el fútbol americano o el baloncesto) o los deportes en los que se hacen "quiebros" (como el fútbol y el béisbol, en los que son habituales los movimientos rápidos y repentinos, como girar, detenerse y cambiar de dirección) tienen más probabilidades de lesionarse el LCA.

Las lesiones también se producen cuando un niño salta y cae sobre los dos pies con las rodillas rectas o "bloqueadas" en vez de flexionadas, ejerciendo una presión excesiva en la articulación de la rodilla y haciendo que el LCA, una estructura con forma de banda parecida a una cuerda, se desgarre o se rompa.

Las chicas adolescentes se lesionan el LCA con una frecuencia 4 veces superior a la de los chicos, lo que se debe tanto a las hormonas, que distienden el ligamento, como a una tendencia natural a caer con las rodillas rectas.

Las lesiones del LCA pueden ser muy dolorosas, y al niño puede resultarle difícil mantener el equilibrio y andar. Según la edad de este y la gravedad de la lesión, la reparación de un LCA lesionado puede requerir cirugía además de 6 a 12 meses de fisioterapia.

Qué hace el LCA

El LCA es uno de los cuatro ligamentos principales de la articulación de la rodilla que conecta la espinilla (tibia) con el hueso del muslo (fémur). Está en el interior de la articulación, detrás del hueso de la rodilla (rótula), por encima de la espinilla y por debajo del muslo.

Junto con el LCP (ligamento cruzado posterior), que lo cruza formando una "X," el LCA ayuda a evitar la extensión excesiva de la articulación de la rodilla cuando se mueve hacia delante y hacia atrás y lateralmente.

Sobre todo, el LCA ayuda a que la tibia se mantenga en su lugar, evitando que se mueva demasiado hacia delante y que se separe de la rodilla y del fémur. También proporciona estabilidad cuando se hace rotar la tibia.

Lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA)

Signos y síntomas

Lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA)Los niños que se hacen un esguince parcial o total del LCA pueden presentar o no síntomas, según la gravedad de la lesión.

La mayoría experimentarán cierta inestabilidad al andar, sentirán que se tambalean o no podrán apoyar el peso sobre la rodilla afectada. Es habitual que sientan dolor, que puede ser muy intenso, y que se les inflame la articulación de la rodilla, lo que puede ocurrir a las 24 horas de producirse el esguince.

Muchos niños, especialmente los que ya hayan sufrido un esguince o se hayan lesionado el mismo ligamento antes, comentan haber escuchado algo que suena como un "pop", que es el sonido que hace el ligamento al desgarrarse. Otros dicen que notan las rodillas "menos tensas" o menos firmes que antes.

Si un niño se hace daño en la rodilla — ya sea practicando deporte o en casa — tendrá que interrumpir inmediatamente cualquier actividad (para evitar lesionarse más) y se deberá buscar atención médica inmediatamente. Mientras tanto, mantenga la zona elevada y aplique hielo, para reducir lo máximo posible la inflamación. No permita que el niño apoye peso en la rodilla.

Diagnóstico

En el consultorio del médico o en urgencias, los médicos llevarán a cabo una exploración física y realizarán pruebas de imagen para determinar si hay una lesión en la rodilla y, en tal caso, su gravedad.

Además del esguince total o parcial del LCA, algunos niños (según la edad o rigidez de los huesos) se lesionan también la parte superior de la tibia.

Las siguientes pruebas pueden ayudar a diagnosticar la lesión del LCA:

  • Prueba de Lachman. Durante esta prueba, el niño se tumba boca arriba con la rodilla afectada levantada y doblada en un ángulo de 20 a 30 grados. Después el médico coloca una mano por debajo de la pantorrilla y otra sobre el muslo, y aplica presión para mover la parte inferior de la pierna hacia delante. Si ésta se mueve demasiado, puede ser una señal de que hay un esguince.
  • Prueba del desplazamiento del pivote. Como en la prueba de Lachman, el niño se tumba boca arriba, pero en vez de flexionar la rodilla, flexiona la cadera en un ángulo de 30 grados, de modo que la pierna apunte hacia arriba, esté recta y hacia fuera. El médico toma la pierna por el tobillo y por debajo de la pantorrilla e intenta girar la tibia para ver si se produce alguna rotación interna más allá del límite normal.
  • Prueba del cajón anterior. Durante esta prueba, la cadera se flexiona 45 grados y la rodilla 90 grados. El médico agarra la pierna por detrás de la pantorrilla, justo por debajo de la rodilla, colocando los dedos índices sobre los tendones de la corva y los pulgares a cada lado de la rótula, para notar si se produce algún desplazamiento de la articulación de la rodilla y las zonas de alrededor al intentar mover la tibia hacia delante.

Para diagnosticar correctamente las lesiones del LCA, los médicos suelen realizar estas pruebas junto con otras exploraciones físicas.

Aunque pueden realizarse radiografías para determinar el alcance de la lesión, con ellas sólo se ve el hueso y, por tanto, sólo permiten confirmar la presencia de fracturas óseas en la rodilla. La resonancia magnética, con la que se ven los tejidos blandos (como ligamentos y músculos), puede confirmar un esguince parcial o total del LCA, y por ello los médicos la solicitarán para confirmar el diagnóstico.

Tratamiento

El tratamiento de las lesiones del LCA depende de la edad del niño y del tipo de lesión. La edad es importante, porque servirá para determinar si se debe realizar una reconstrucción quirúrgica intraarticular (dentro de la articulación de la rodilla) o una reconstrucción quirúrgica extraarticular (fuera de la articulación).

Se necesitan dos estrategias distintas, porque la mayoría de los niños que aún están creciendo no deben someterse a una intervención quirúrgica intraarticular, debido a que podrían dañarse los cartílagos de crecimiento o placas epifisiarias. Las placas epifisiarias son tejidos que crecen en los extremos de los huesos largos, como la tibia y el fémur. Los niños que aún están creciendo tienen las placas epifisiarias "abiertas", mientras que los que ya han alcanzado la madurez esquelética las tienen "cerradas".

Cuando un niño deja de crecer, las placas epifisiarias se endurecen (osifican) como el resto del hueso. Las chicas tienden a dejar de crecer antes que los chicos; sus placas epifiarias normalmente se cierran alrededor del los 14 a 15 años, mientras que las de los chicos se cierran más tarde, hacia los 16 o 17.

A un niño que haya alcanzado la madurez esquelética, probablemente se le practicará una reconstrucción intraarticular. Este procedimiento consiste en perforar un pequeño túnel a través del fémur para llegar al interior de la articulación de la rodilla. Ésta es la única manera de llegar al centro de la rodilla, detrás de la rótula. Justo por debajo de la rodilla, se hace un segundo túnel en la tibia.

Los cirujanos reemplazan el LCA desgarrado con tejido del cuerpo del propio paciente (normalmente de la rótula o el tendón de la corva) o con tejido de un donante (lo que se llama aloinjerto) del tendón de Aquiles, del pie. El nuevo tejido del LCA se pasa por los túneles del fémur y la tibia y se fija con tornillos u otro sistema.

La cirugía extraarticular no pretende reemplazar el LCA desgarrado (por ello no precisa los túneles de la tibia y el fémur), sino que se basa en tensar el tracto iliotibial, una banda gruesa de tejido que recorre la pierna desde la parte baja de la pelvis hasta el extremo inferior de la tibia. Tensando este tejido por encima de la rótula, se estabiliza la rodilla y se evita que la tibia se desplace demasiado hacia delante

Tras la operación, el niño tendrá que usar muletas para andar, reducir la actividad física y llevar una férula que cubra toda la pierna durante 4 a 6 semanas, según la gravedad de la lesión.

Fisioterapia y recuperación

La recuperación de la reconstrucción del ACL es un proceso largo que puede durar desde 6 meses a un año. Es necesario hacer fisioterapia ("fisio") para ayudar a que la rodilla se cure y para:

  • restablecer toda su amplitud de movimiento
  • recuperar la fuerza de los músculos de la rodilla, el muslo y la pantorrilla (y evitar que se atrofie el tejido muscular)
  • reducir el dolor y la inflamación
  • mejorar el equilibrio

La mayoría de los niños hacen la rehabilitación en un centro tres días por semana, y diariamente practican ejercicios en casa. Los programas de rehabilitación acelerada requieren más fisioterapia, y la recuperación se acelera hasta 4 a 6 meses.

En las primeras etapas de la recuperación, un niño tendrá que llevar una férula en la pierna y después en la rodilla, para reducir el riesgo de volver a lesionarse. Poner hielo y mantener la pierna elevada puede ayudar a reducir la inflamación. Los analgésicos de venta sin receta o con receta pueden ayudar a que los niños no sientan tanto dolor y se encuentren mejor.

Aunque la mayoría de los deportes están prohibidos — sobre todo las actividades que provocaron la lesión —, los niños pueden hacer algunas actividades de bajo impacto que pueden ser divertidas e incluso terapéuticas, como nadar, montar en bicicleta o correr con protección. Pregunte a su médico qué actividades serían beneficiosas para su hijo.

Ayudar a su hijo sobrellevar la situación

Que te digan que no puedes hacer las cosas que más te gustan — como correr o jugar a fútbol, jockey o béisbol — puede ser una terrible noticia para un niño. Un niño que se está recuperando de una lesión del LCA puede sentirse enfadado, frustrado o incluso deprimido, sobre todo si no puede participar en los deportes de equipo con sus amigos.

Pero mientras tanto, hay maneras en las que puede sentir que aún forma parte de un equipo. Puede participar llevando la puntuación, ayudando al entrenador y trayendo el agua en los partidos. Si su hijo no quiere hacer estas cosas, propóngale iniciar un hobby, como tocar la guitarra, pintar, dibujar u otra actividad sedentaria que no ejerza demasiada presión en su rodilla. Otra opción son las actividades de bajo impacto, como nadar.

Dentro de un tiempo, su hijo podrá volver a hacer las cosas que le gustan. Pero si durante la recuperación continúa sintiéndose enfadado o deprimido, piense en la posibilidad de hablar con un psicólogo o un tutor de la escuela, que quizá pueda ayudar a tu hijo a sobrellevar la situación y a pensar en lo que hará cuando se recupere.

Revisado por: Kenneth Rogers, PhD, ATC
Fecha de revisión: junio de 2009

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Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.
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